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El cuerpo: lugar de enunciación, identidad y subjetividad

Historia del cuerpo

Inocuo, vacío, inservible, culpable, pecaminoso, enfermo, sagrado… durante la historia, el cuerpo ha sido receptáculo de todo tipo acusaciones y admiraciones, de una manera u otra, ha sido nombrado, desechado o exaltado dependiendo de su usabilidad o su estética; el cuerpo, este conjunto de sistemas orgánicos, ha sido a lo largo de la historia mucho más que eso, sin duda alguna hoy vivimos en una sociedad que no solo lo conoce sino lo idolatra.

A través de la historia, el cuerpo es sido protagonista de diversos escenarios de biopoder, donde fue elemento de dominación directa o indirecta, un lugar para inscribir las dinámicas sociales y aquellos factores de normalización de la sociedad, De Certeau (2000) los describe cuando dice que “la ley se escribe sin cesar sobre el cuerpo. Se graba en los pergaminos hechos con la piel de los sujetos(p. 153) y así fue como durante siglos se proyectó en él, la sujeción humana a la norma.

Edad Media y Edad Moderna para castigar el cuerpo

La modernidad definió el cuerpo desde un modelo mecanicista, donde existe una fractura, el cuerpo es la parte material, la res extensa que funciona acorde con las leyes de la mecánica, compuesto por tubos, poleas y palancas, un cuerpo objetivo desde la filosofía definido por Descartes, allí el alma se convierte en lo pensante, la res cogitans, bajo esta concepción el cuerpo fue durante muchos años materia inerte que debe ser modificada para hacerlo digno del alma.

Las doctrinas militares y religiosas fueron referentes en el arte de dominar todos los detalles en la expresión corporal, con el fin de normalizar la actuación de las personas. El deporte, la risa, la sexualidad fueron satanizadas y evitadas a toda costa, encontrando en el cuerpo un medio para debilitar el organismo a través de ayunos, flagelaciones entre otras mortificaciones.

En el siglo XIII la represión de las manifestaciones que, a juicio de los monjes, tiranizaban el alma se materializa en la vida cotidiana con posicionamientos que, entre otras cosas, lograron el abandono, rechazo e infravaloración de actividades corporales de larga tradición. (Gil Lacruz, M et al, 2008, p.20)

Estos dos estamentos sociales, siempre vieron en el cuerpo, un instrumento que podría ser elemento de castigo. Presentar el cuerpo mutilado, desnudo, marcado o simplemente expuesto al público, era y continúa siendo de cierta manera, un actuar lleno de simbología para la humanidad, el cuerpo afectado o martirizado es presentado como señal de advertencia.

El desgarrador relato de Damiens, el condenado que describe Foucault en Vigilar y Castigar, nos lleva por una historia de desmembramiento, marcaciones, quemadas e incineración en carne viva. El, cumple una sanción social, una sentencia, que lo obliga a verse envuelto en un dolor incesante, expuesto a toda clase de martirio en público.

Esta forma de corregir el cuerpo en la edad media, estaba más allá de un encauzamiento de la conducta individual, el cuerpo del condenado era expuesto al público para encauzar una conducta colectiva, nuevamente una advertencia del daño que se le puede hacer a aquel que se sale de la norma, que se desvía y afecta el orden social. La piel, la carne y alma que es intrínseca a ella, se han convertido en objeto de dominación,

Ha habido, en el curso de la edad clásica, todo un descubrimiento del cuerpo como objeto y blanco de poder. Podrían encontrarse fácilmente signos de esta gran atención dedicada entonces al cuerpo, al cuerpo que se manipula, al que se da forma, que se educa, que obedece, que responde, que se vuelve hábil o cuyas fuerzas se multiplican. (Focault, 2009, p. 125)

Esas dinámicas de poder de cierta manera, han organizado al sujeto en comunidades, perfeccionando el arte de inscribir en el cuerpo sus doctrinas, encontrando en el cuerpo, el lienzo ideal para dibujar el orden. Las sociedades a través de la historia proyectaron en el cuerpo de los sujetos, las normas que definen sus comportamientos, desde la antigüedad las imágenes del cuerpo han mostrado lo fuerte y lo débil, lo pecaminosos y lo espiritual.

Debido a la debilidad del cuerpo en los siglos XVII y XVIII, donde el cuerpo es fabricado para ser atormentado, se legitiman métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad, es a lo que se puede llamar las "disciplinas" (Focault 2002:126)

Aún hoy, esas disciplinas son parte de las dinámicas de acoplamiento de las personas a los diferentes grupos sociales, que cuentan con una forma de ver el mundo y necesita de sus seguidores un esquema de adiestramiento inscrito en su piel.

 Más allá del castigo: descubriendo el cuerpo

En el siglo XIX, el cuerpo es corregido y este maltrato empieza a cambiarse por una sentencia del alma, la dinámica de castigo pasa de la plaza pública al encarcelamiento y en ella, al anonimato cómplice de los guardias, el maltrato ya no busca ser explícito al pueblo, ahora las imponentes estructuras carcelarias se convierten en señal de advertencia, aquella que revela el mensaje de la pérdida de libertad por el desvío de la conducta.

Y, sin embargo, tenemos un hecho: en unas cuantas décadas, ha desaparecido el cuerpo supliciado, descuartizado, amputado, marcado simbólicamente en el rostro o en el hombre, expuesto vivo o muerto, ofrecido en espectáculo. Ha desaparecido el cuerpo como blanco mayor de la represión penal. (Foucault, 2009, p. 10)

Un estricto orden y rutina, además de una convivencia compleja y unos castigos legitimados dentro del penal, van dejando inscrita la ley en el cuerpo de los presos, y esa ley se sale de los poros llegando a inscribirse en el alma, el comportamiento, la personalidad y en la misma humanidad, dice Kafka (1995) “el condenado tenía un aspecto tan perrunamente sumiso que daba la impresión de que se lo podría dejar corretear libremente por los riscos, y que en el momento de comenzar la ejecución bastaría con silbarle para que viniese” (p. 31).

La pérdida de la libertad tanto física como mental, destruye en muchos casos sus sueños y deseos, ese es el castigo por controvertir el orden predeterminado. Sin embargo, a pesar de la represión, en el siglo XX la economía del castigo en sí misma empieza a reconocerse como derrotada. Las cárceles abarrotadas son fiel muestra de que la advertencia no es efectiva.

La justicia empieza a modificarse y busca cambiar el esquema de castigo, buscando convertir estos recintos en escenarios de humanización, esta nueva doctrina por supuesto no es generalizada, inclusive hoy en día hay penales que gozan de fama de maltrato, deshumanización, humillación a niveles extremos, cumpliendo la paradoja de Foucault (2009), escenarios “donde el rito que "cierra" el delito se hace sospechoso de mantener con él turbios parentescos: de igualarlo, si no de sobrepasarlo en salvajismo (p. 11)

El castigo se inscribe en el cuerpo porque éste en sí, es un lugar de enunciación, un espacio donde se expresa aquello que está dentro del mismo, ya sea en la mente o en el alma, el cuerpo es reflejo de aquello que se piensa o se siente y es allí donde hay que atacar para ejercer poder.

Todo aquello que expresa el ser humano a través de su cuerpo es reflejo de lo social, lo familiar, lo cultural, lo histórico que ha sido parte de él, antes de su propio cuerpo; un cúmulo de vivencias propias o ajenas que han formado una memoria colectiva y que de cierta manera termina inscribiéndose en él, porque como lo expresa De Certeau citado por María Graciela Rodríguez (2005) “no hay derecho que no se escriba sobre los cuerpos”

El ser humano es sujeto, por el mismo hecho de estar sujeto, él se refleja en la sociedad porque hace parte de ella, el cuerpo para el ser humano se convierte en instrumento de apropiación, en elemento que se inserta socialmente y en sus artefactos proyectan el lugar común en el cual el ser, se siente a gusto.

El cuerpo se ha convertido en objeto de investigación histórica, en él, han confluido diversas doctrinas y ciencias, el cuerpo es multiforme porque se aísla según el ojo que lo percibe, puede ser una compleja maquina vital, así atrae la mirada de la medicina, como banco de valiosa información histórica para la genética, como estructura modificable para la ortopedia y la cirugía, y de allí se empiezan a tejer las relaciones de ese cuerpo con el alma, el espíritu,  la sociedad, los medios de comunicación, entre otras relaciones que le han dado relevancia a través de los siglos

Para muchos pensadores, a finales del siglo XIX era un trozo de materia, un haz de mecanismos. El siglo XX reactualizó la carne, es decir, el cuerpo animado, y profundizó en ella. El siglo XX lo ha inventado teóricamente. Este invento surge en primer lugar del psicoanálisis, desde el momento en que Freud, al observar la exhibición de los cuerpos que Charcot ponía en escena en la Salpétriere, descifró la histeria de conversión y comprendió lo que constituiría el enunciado esencial de tantos interrogantes futuros: el inconsciente habla a través del cuerpo. (Courtine Jean Jackes, 2006, p. 21)

Diversas disciplinas académicas han intentado explicar cada parte de esta máquina caleidoscópica, en muchos aspectos aún indescifrable, por esta razón cuando queremos descubrir algo más sobre el cuerpo, debemos remitirnos a muchas de estas áreas del conocimiento, cuando queremos conocer por qué el cuerpo hoy en día es centro de atención para muchos jóvenes, debemos conocer lo que ha avanzado la historia en la interpretación del mismo. 

En la medicina, el cuerpo fue objeto experimental, como se explica en la Historia del cuerpo (2006) en él se reconocía “el derecho a la enfermedad [en el siglo XIX], garantizado y en el siglo XX el derecho a la salud, comprendida como el desarrollo de la persona, que se plasma sobre todo en el derecho a la asistencia médica” P.29

Esta justificación de estudio, convirtió el siglo XX en un escenario para medicalizar el cuerpo, esa máquina perfecta empieza a ser estudiada desde sus partes y la carrera por comprenderlo a profundidad continúa ya que se quiere llegar al conocimiento total del mismo, el cuerpo día a día se hace más comprensible y su funcionamiento es analizado a profundidad con diferentes fines, a pesar de ello, aún hoy sigue siendo un misterio en muchas de sus ramas como la neurología.

La historia del cuerpo en el siglo XX es la de una desposesión y una reapropiación que desembocará quizá algún día en que cada cual sea su propio médico, tomando la iniciativa y las decisiones con total conocimiento de causa. Es un sueño que se alimenta de la idea de una transparencia del cuerpo, un cuerpo desvelado, explorado en sus profundidades, y finalmente accesible en directo para el propio sujeto. (Courtine Jean Jackes, 2006, p. 30)

En el siglo XX, ya no se admite la enfermedad como factor de inactividad, el cuerpo es un instrumento de trabajo y por eso está la necesidad de curarlo rápidamente con antibióticos, la medicina previene y proyecta, cambia de hábitos, prohíbe la vida como era conocida con el ánimo de atender oportunamente las dinámicas de vida que implican factor de riesgo. Los excesos se convierten en un peligro para el cuerpo; fumar, tomar, trabajar, comer, tener sexo, todo aquello se haga poco o mucho puede afectar la salud y si eso pasa, el poseedor de ese cuerpo debe rendir “cuentas del mismo, el cuerpo es el lugar donde debemos esforzarnos por aparentar buena salud” (Courtine Jean Jackes, 2006, p. 32)

Antes de 1980 los cuerpos enfermos eran contados por miles de muertes en las epidemias o en las pandemias, el siglo XX fue regulador de esa mortalidad, desde la prevención de sus causas como las mejoras en la distribución de agua potable y la asepsia como práctica médica.

Sin embargo, nuevas enfermedades que se extienden en forma de contagio, alertan a la medicina que había creído poder erradicar las epidemias. Enfermedades con el SIDA y el ébola y hoy en día la Covid 19, por ejemplo, ponen en jaque la infalibilidad de la ciencia y las certezas que se tuvieron durante casi un siglo sobre la dominación de la enfermedad en el cuerpo.

El cuerpo le demuestra a la medicina que su funcionamiento no es perfecto y sus fallos se convierten en una nueva dinámica de estudio, las enfermedades crónicas, como la hipertensión, la insuficiencia renal o la hemofilia aparecen como el nuevo reto para la medicina; aquellas enfermedades donde el paciente aprende a integrar esa particularidad en su proyecto de vida y en su propia imagen.

Aprender a vivir con estas enfermedades con la ayuda de medicamentos y tratamientos que hacen posible imaginar esta coexistencia cambia la percepción del cuerpo para la persona enferma, la medicina se convierte en un actor fundamental de sobrevivencia y por esto, el enfermo empieza a reconocerse como experto en su propia patología, acompañando al médico en su proceso.

El dolor aparece como un punto clave de sensibilidad del cuerpo, “está tan anclado a él que abolir radicalmente la conciencia se consideró durante mucho tiempo, el medio más sencillo de acabar con él” (Historia del cuerpo, 2006, pág. 52) Durante décadas, el mundo conoció diferentes tipos de anestésicos en la búsqueda de uno que acompañara los procesos de cirugía y así facilitaran los complejos procedimientos que tardan horas y horas. Después de la segunda guerra mundial, los anestésicos pasan a acompañar al paciente en el tratamiento de su dolor, sin necesidad de abolir por completo su conciencia.

La morfina y sus derivados calman el dolor; un barbitúrico (el Penroral se descubrió en 1934) provoca el estado hipnótico; un veneno bien conocido, como el curare, natural o sintético, proporciona el relajamiento muscular. Se trata de tres familias de drogas conocidas desde principios de siglo, y a veces desde hace mucho más tiempo (Historia del cuerpo, 2006, p. 54)

La anestesia empieza a cambiar la perspectiva de la utilidad del dolor, uno de ellos fue el del parto, una concepción bíblica rezaba la necesidad de ese dolor al dar a luz, sin embargo, en las últimas dos décadas del siglo XX, la epidural se convierte en una opción apetecida por las mujeres.

La ciencia, reconoce el cuerpo como un espacio individual, en el cual se expresa de forma diferente en cada uno, el alma no está simplemente alojada en el cuerpo, sino que entra en una relación íntima con él, que diferencia mi cuerpo del cuerpo del otro, aparece la noción del “cuerpo propio” para enfrentar el cuerpo objetivado de la ciencia.

Este cuerpo único, se convierte en un cuerpo solo pero social, a pesar de las particularidades, comparte su experiencia con el otro, las transfusiones o trasplantes son ejemplo de la solidaridad de ellos y de las personas.

Así, el cuerpo fue y sigue siendo elemento de observación médica, ahora transdisciplinar por las grandes transformaciones en la forma de reconocer el cuerpo por medio de la imagenología y la comprensión de su pasado, presente y futuro en el estudio del genoma humano.

El cuerpo se repara, se educa, hasta se fabrica. La panoplia de instrumentos ortopédicos y de herramientas de intervención prolifera pues, en la medida en que, en lo sucesivo, se vuelve capaz de descomponer y reparar, de cortar, reemplazar, quitar, agregar, corregir o enderezar (De Certeau, 2000, p. 156)

El cuerpo es observado a profundidad, primero desde el estudio médico por medio de la auscultación, continuando con las radiografías, la gammagrafía, la ecografía, la tomografía, la resonancia magnética nuclear, entre otras técnicas que sacaron a la luz muchos de los secretos que el cuerpo aún escondía y que permitieron más y mejores tratamientos. El escáner se convierte en un nuevo panóptico que devela todos los secretos del cuerpo y da una sensación de seguridad y poder sobre él.

El cuerpo que ya se conocía desde el hoy, empieza a ser evidente en lo más profundo de su historia, la genética empieza a reconocer ese cuerpo en el pasado y el futuro, las enfermedades empiezan a ser develadas desde el estudio del ADN, buscando explorar sus orígenes, además de enfermedades futuras. Aparece “el gen como el constituyente más elemental de la vida, cuyas combinaciones explican todos los fenómenos biológicos” (Historia del cuerpo, 2006, p.83)

La humanidad empieza a soñar con la cura para todas las enfermedades, inclusive desde antes del nacimiento, el cuerpo empieza a tomar forma de rompecabezas en el cual cada pieza dañada podrá ser reemplazada e incluso duplicada. La genética da sentido a la anhelada inmortalidad que Hollywood ha mostrado y enciende el debate de la vida desde la posibilidad de crear seres a partir de otros de una forma artificial, la clonación aparece en la palestra pública para volverse el centro del miedo de querer ser dios.

El cuerpo que alguna vez fue materia externa, empieza a ser develado como objeto vivo que puede reconocerse tan profundamente como para predecir su comportamiento futuro, “el descubrimiento de una enfermedad genética implica una relación nueva con el cuerpo, ya que un paciente puede tener una enfermedad que todavía no se ha manifestado”. (Historia del cuerpo, 2006, p.87)

El hecho de conocer el cuerpo a esta escala, lo aleja de su individualidad y lo convierte en elementos público, ya que el análisis del genoma permite conocer elementos estándares en los seres humanos. Así, el estudio de las enfermedades genéticas en una muestra de personas, se convierte en una investigación que puede ser aplicable, progresivamente, e toda la población con las mismas características.

La genética se convierte en un elemento fundamental para adquirir nuevos hábitos, de esta manera las predisposiciones se convierten en un factor para modificar el estilo de vida, “cambiar de régimen alimentario si se identifica una predisposición a las enfermedades cardiovasculares, dejar de fumar en caso de predisposición al cáncer de pulmón, decidirse a abortar si aparece una gran probabilidad de enfermedad grave en el feto”. (Historia del cuerpo, 2006, p.91)

El cuerpo al aire libre: del laboratorio a la calle

Hasta 1968, el cuerpo desnudo se había reservado para su análisis médico, de allí en adelante, las prácticas sexuales y el discurso sobre sexualidad se combinaron públicamente y así irrumpe la vida privada en las cuestiones políticas y se sale del discurso cristiano de una desnudez pecaminosa y de una sexualidad “circunscrita a la pareja legítima, consagrada en lo fundamental a la reproducción y enemiga de la concupiscencia.” (Historia del cuerpo, 2006, p.102)

Toda la pecaminosa desnudez que obligaba a las mujeres a no mostrar ni siquiera los tobillos y a tener sexo en la oscuridad o con camisón, empiezan a cambiar cuando en la primera mitad del siglo XX, el bañador (vestido de baño hoy en día) evoluciona y pasa de ser un enterizo completo o con rayas para disimular las curvas, a ser un traje de dos piezas cuya principal intención es mostrarlas.

Esta posibilidad de mostrar el cuerpo en público, se traslada a la esfera privada y las relaciones íntimas se empiezan a convertir en un escenario para mostrar el cuerpo en todo su esplendor, devolviéndole al siglo XX el cuerpo sexuado, que de una manera u otra afectan la forma de percibirlo, porque “ahora que los hombres y mujeres ya no pueden hacer trampas con sus cuerpos, los cánones de la belleza física condicionan cada vez más” (Historia del cuerpo, pág. 103)

Desde la Belle Époque, domina el modelo de hombre y mujer delgados y esbeltos. Con la desnudez estival, también se hace necesario presentar una carne firme. El retroceso del pudor implica también un nuevo trabajo con el cuerpo, entre la musculación y la dietética en ciernes. Hasta la década de 1960 el régimen no se convierte en una preocupación unánimemente compartida, pues, según Luc Boltanski, las tres cuartas partes de los franceses acomodados, pero también el 40 por ciento de los obreros, se consideran demasiado gruesos (Historia del cuerpo, 2006, pág. 103)

El hecho de poder mostrar más piel en público, empieza a crecer, en 1946 aparece el bikini, convirtiéndose en una prenda que afecta la moral de la época y más adelante, las bañistas empiezan a retirar la parte superior de este. Este exceso de piel para la época, viene acompañado de la necesidad de un cuerpo perfecto para poder lucir la desnudez.

Las imágenes fijas como las postales y en movimiento como el cine, empiezan a mostrar ese cuerpo sexuado, las mujeres desnudas aparecen y marcan una revolución cuando la libertad sexual empieza a hacerse explícita, a partir de allí el cuerpo asume nuevos significados.

A principios del siglo XX, la pornografía se abría paso en los libros eróticos y en aquellas películas expuestas en los cafés, que tuvieron tal éxito que fueron reguladas por el gobierno para que, de una manera u otra, se guardara la moral.

De ahí en adelante, la revolución de la pornografía sigue su curso, a pesar de las prohibiciones implantadas en 1975, donde se relega a teatros especializados, se prohíbe la publicidad y se le ponen impuestos. Así, el porno salta de la esfera pública a la privada y por medio del video para a estar inmerso en los hogares. Y es así, como esta industria cambia la proyección de la sexualidad, cambiando la representación de las actrices porno de prostitutas a artistas.

La pornografía deja de ser transgresora y oculta. Se manifiesta a la luz del día y se presenta como referencia. Sobre todo, ayuda a vender, incluso en los circuitos comerciales más tradicionales. (Historia del cuerpo, 2006, p. 107)

La posmodernidad trae consigo una nueva dinámica de control que “se despliega a través de la seducción, de la variada mercadotecnia, de la múltiple posibilidad de adquisición de imágenes y objetos, generando nuevos modos de individualización y socialización” (Liévano y Shears, 2011:47)

El cuerpo femenino en disputa

El cuerpo de la mujer obtiene un significado diferente, ya no es objeto de procreación, una carga que habían llevado durante la historia; el control de la natalidad, el progreso del proceso obstétrico, la alimentación y la escolaridad; fueron factores claves en la lucha contra la desigualdad de género. La medicina en el siglo XX y los cambios de concepción del rol de la mujer en la sociedad, sin duda alguna le dieron posibilidad a un género que proyecta en un futuro no muy lejano, un mundo matriarcal.

Este cuerpo sexuado y más expuesto en las playas, empieza a dejar de lado la inmoralidad, pero nacen otras preocupaciones, porque ante la desnudez “también se hace necesario presentar una carne firme. El retroceso del pudor implica también un nuevo trabajo con el cuerpo, entre la musculación y la dietética”. (Historia del cuerpo, 2006, p. 104)

Allí, la mujer adquirió nuevas ataduras, el cuerpo perfecto 90 – 60 – 90 que venden los reinados de belleza y la esbeltez del modelaje y la televisión, insertan a la mujer en nuevos escenarios represivos que riñen con muchas de aquellas libertades ganadas en los años 60.

En poco más de 50 años, el cuerpo ha sido testigo de una serie de premisas que surgieron alrededor de los cánones o estándares de belleza; en occidente aparece el furor de la cirugía plástica, la cosmética, la moda, la nutrición y las dietas como factores claves para mantenerse dentro del estándar social plasmado en las fotografías familiares, después en el video y ahora en las selfies.

La alimentación ha sido un factor clave porque hace parte del sostenimiento del cuerpo, los cánones de belleza se basan en un régimen alimenticio que permita al cuerpo ser sano y a su vez representar la belleza.

El discurso que se ha dado alrededor del cuerpo y la belleza ha modelado también un estándar que en cierta manera normaliza y legitima el estar sano según la proporción entre el peso y la estatura de las personas; el Índice de Masa Corporal (IMC) genera rangos desde el infrapeso severo, moderado o aceptable hasta la obesidad tipo III o mórbida, pasando por el normal que está entre 18.50 y 24.99.

Sin embargo, nos sólo el IMC nos hace insertarnos en el estándar, el mercado nos presenta un sinfín de productos y servicios para ser parte de este nuevo culto al cuerpo, desde rutinas de ejercicios, hábitos alimenticios, consejos, infinidad de dietas, suplementos alimenticios, partillas adelgazantes y mucho más.

El cuerpo hoy más que nunca es el empaque que alimentamos, ejercitamos, vestimos, arreglamos, operamos y decoramos para ser parte de, para estar allí, para ser como, para parecerse a alguien o algo, la belleza nos acerca, nos hace parte de la sociedad, nos conecta a un grupo

La (dinámica) que empuja a los seres vivos a convertirse en signos, a encontrar en un discurso el medio de transformarse en una unidad de sentido, en una identidad. Dame tu cuerpo y te doy sentido, te hago nombre y palabra de mi discurso. (De Certeau. 2000, p. 162)

El cuerpo hoy

Como lo dice David Le Bretón (2006) “sin el cuerpo, que le proporciona el rostro, el hombre no existiría” p.7, esta red de sistemas que algún día fue materia solamente, hoy en día se convierte en el símbolo de ese hombre que no es nada sin él, y trasgrede su individualidad a lo que su cuerpo representa a nivel social.

Inclusive, lo que para una sociedad es normal, asombra en la otra, como el plus que supone la obesidad femenina en la belleza de las mujeres en regiones saharianas o países como Mauritania, donde no es solo un valor agregado sino un requisito para casarse y las mujeres recurren a fármacos para engordarse, sin ser considerado un trastorno alimenticio; “cada sociedad esboza, en el interior de su visión del mundo, un saber singular sobre el cuerpo: sus constituyentes, sus usos, sus correspondencias etcétera”. (Le Bretón, David, 2006, p. 8).

El cuerpo es una construcción social y cultural, eso le da un carácter inmaterial convirtiéndolo muchas veces en un elemento abstracto y difícil de comprender, ese cuerpo que es mi cuerpo inicialmente entendido como posesión, “recinto del sujeto, lugar de sus límites y sus libertades” (Le Bretón, David 2006 Pág. 14) se convierte en un símbolo social muy fuerte, lo que ha traído una “nueva preocupación por el cuerpo estrechamente ligada a las prácticas sociales” (Liévano y Shears, 2011, p.12)

El funcionamiento del cuerpo, que durante años fue de exclusivo estudio de la medicina, hoy se convierte en un libro abierto que requiere del análisis interdisciplinar, donde inclusive se inscribe el propio sujeto, hoy más que nunca, esta red de sistemas es mirada, tocada e intervenida por todos, hoy más que nunca, somos dueños del cuerpo y nos sentimos con la necesidad de conocerlo y experimentarlo como parte fundamental de nuestra identidad. 

El control de la medicina tropieza con el límite de la resistencia de la población a renunciar a su autonomía. La multiplicación de sus intervenciones, algunas de las cuales afectan a la integridad de la persona, a su forma de reproducirse y de morir, ha despertado la inquietud de la propia corporación médica, que ha aceptado compartir su espacio con la sociedad civil y las autoridades políticas y religiosas. (Historia del cuerpo,2006, p. 29)

Hoy en día, nos podemos empezar a reconocer en una nueva dinámica social, un nuevo periodo histórico que en palabras de autores como Lipovetsky (2007) se denominaría hipermodernidad, con unos rasgos claros que surgen del desencanto de los grandes sistemas, entre muchas otras características que veremos más adelante.

            Es autor, en su conferencia en la Universidad Diego Portales (2018) nos describe, entre otros, un rasgo fundamental de esta sociedad: el culto al cuerpo, este inicia con los nuevos deportes como el skateboarding o el windsurf, buscando llevar al cuerpo a sensaciones más allá que a la competencia, para aportar un placer. Además, se hace evidente en la multiplicación de las tecnologías de bienestar en torno al cuerpo (spa, gimnasio, etc.), ahora pagamos para sentir el cuerpo, para adelgazar; ahora hay culto a la delgadez obsesiva, hipernarcisista, para estar bellos, se centra la energía en sí mismo para sentirse conforme a una norma de ser joven, aparentar menos edad.

Así, hoy en día se promueven las prácticas de belleza, el maquillaje, la cirugía estética. Hollywood nos da una imagen del futuro, este fenómeno da lugar al individualismo narcisístico, pero no poético como Narciso, es ansioso, porque hay que luchar contra los desafíos del cuerpo para permanecer joven, es hiperactivo no contemplativo.

Este fenómeno se complica más porque incluso se desarrolla narcisismo corporal, pero con otra cara que va por delante, la medicalización de la existencia: el culto de la salud, el culto al cuerpo es preventivo. Nosotros estamos aterrorizados por el problema de la enfermedad y la voluntad de querer luchar contra la degradación del cuerpo. Es un individualismo ansioso, porque lo queremos vivir en el presente, pero no dejamos de pensar el en futuro.

            Este rasgo de la sociedad actual, es compartido por varios autores, ya que se hace evidente la importancia del cuerpo hoy en día; en esta era del yo como centro, muchas cosas pasan a un segundo plano y nacen nuevas formas de ver el mundo, como podrían ser los estilos de vida[1] que surgen a partir de los TCA, hoy el “individualismo cultiva al cuerpo, es un cuerpo que se convierte en actor protagónico, investido de cuidados obsesivos: la salud, la apariencia, la belleza, la juventud, los placeres, todos estos elementos se convierten en productos de primera necesidad” (Liévano y Shears, 2011, p. 48) 

Lejos quedan las épocas de dominación del cuerpo por instituciones sociales, como lo describe Sibilia (2005) “han sido las sociedades basadas en la economía capitalista – desarrollas en el mundo occidental durante los últimos tres siglos – las que inventaron la gama más amplia de técnicas para modelar los cuerpos y las subjetividades”(p.11) lo que sí es evidente, dice la autora es que “aunque la investidura política del cuerpo esté inextricablemente ligada a su utilización económica, hay un detalle muy importante: la capacidad de oponer resistencia está siempre presente y es un componente fundamental” (p. 31)

Sin embargo, esto no implica que las dinámicas de poder se alejen de la forma como vemos, transformamos y utilizamos nuestro cuerpo, basta es la bibliografía que habla de la influencia de la publicidad, la moda y el espectáculo en la modelación de nuestro cuerpo y nuestras acciones, hoy vivimos en la paradoja de la libertad y la represión, hoy la “normalización” de la que hablaba Foucault es autoimpuesta en muchos casos.

Es clave reconocer que este hiperindividualismo actúa en esta sociedad causando una cierta desconfianza en el cuerpo del otro en la presencialidad, pero genera una extraña confianza en el lejano, el cuerpo se convierte en una cáscara intocable, donde ser rozado por error en el transporte público atiborrado de gente genera más temor que enviar el pack o nudes[2] por redes sociales como WhatsApp. Ya en 1997, Paul Virilio hablaba de esa ausencia:

El hecho de estar más cerca de aquel que se encuentra lejos, que de aquel que está junto a uno es un fenómeno de disolución política de la especie humana. La pérdida del cuerpo propio conlleva la pérdida del cuerpo del otro, en beneficio de una especie de espectralidad de lo lejano, de aquel que está en el espacio virtual de internet o en la ventanilla de la televisión (p. 48)

Haciendo este último análisis guiado por el pensamiento apocalíptico que caracteriza al autor, queda una gran pregunta, ¿cuál es el camino que toman los jóvenes para mostrar su cuerpo? Ese preciado valor que cuidan y es objeto de culto, ¿cómo se hace público?, ¿cómo se muestra?, y ¿cómo se convierte en un lugar de enunciación de la subjetividad actual?


[1] Dentro del fenómeno Pro Ana y Mia, vivir con TCA se reconoce como un estilo de vida.

[2] En Internet, el pack se refiere a un conjunto de fotos, generalmente sexis, donde un hombre o una mujer aparece desnudo o semidesnudo.

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